Entrevista realizada a una profesora con una experiencia de 38 años en la enseñanza. Finalizados los estudios de Magisterio se incorporó a una ikastola de un barrio de una población gipuzkoana. Contaban con un número reducido de alumnos, es por ello que, el contacto con las familias era cercano y diario. Prácticamente se puede decir que las reuniones se producian a la salida de clase cuando los padres iban a recogerles, comentando incidencias y demás aspectos a destacar del día. Esto hacía que todos los que estaban en la puerta, sin intención alguna, recibieran la información que tan sólo correspondía a un alumno. Como comenta la entrevistada, eran otros tiempos y no se tenían en cuanta cuestiones tan relevantes como la reserva de información y la privacidad. Al paso de los años se fue modificando este aspecto y citaban a los padres para comentar las incidencias.
Destaca que en la población se diferenciaban las metodologías que se impartían en las escuelas públicas y las ikastolas. Concrétamente, en las ikastolas desde pequeños se les formaba en materias como la psicomotricidad y que casi todos los materiales didácticos que utilizaban eran creados por los maestros, la mayoría hechos a mano. Relata que incluso los listados y todos los expedientes se producian de forma manual. A pesar de las técnicas rudimentarias utilizadas, subraya que todos los esfuerzos se centraban en el desarrollo personal del niño.
Relata que la mayoría de las experiencias vividas son positivas, que incluso de las menos agradables, aprendían y servían para superar los obstáculos y de esta forma mejorar el día a día. En la actualidad no imparte clases, se dedica a crear materiales didácticos para el proyecto curricular. Recuerda emocionada las caras de satisfacción de los niños cuando avanzaban y lo expresaban con la mirada. Cuando descubrían cosas nuevas y lo manifestaban como si se tratara de un hallazgo único. Añade, que cada día aprendía de cada uno de los alumnos, que la relación con ellos era maravillosa. Intentaba que la armonia en clase fuera buena, neutralizando algún conflicto que otro, pero que por lo general tiene un buen recuerdo de aquellos años.
Recuerda también que la relación con los padres era lo que más ampollas despertaba, pero que viendo lo que hoy en día sufren los docentes, lo vivido por ella fue insignificante, debido a que en aquellos años todavía la imagen de los docentes se tomaba como una figura de referencia y autoritaria. Añade, que también pasó momentos difíciles. Abiertamente expresa su angustia cuando un niño sufría un drama familar y ante la impotencia de no poder ayudar al niño, " en esos casos, todo lo que se haga en el aula no puede paliar el sufrimiento del menor, ni tampoco la ayuda adicional que recibe". Fueron esos casos los que más amargura le proporcionaron. El no poder ayudar al niño a salir del sufrimiento, aún teniendo la ayuda que les propocionaba una psicóloga.
Puntualiza que ante un problema de un menor, primero se precisaba la ayuda de un psicólogo y posteriormente se informaba a los padres, mientras que hoy en día, el primer paso es informar a los padres y después de tener el contacto con ellos se determina la ayuda del especialista. Matiza que ante cualquier decisión que afecte al menor el acuerdo con los padres es esencial y se intenta acordar con ellos las pautas a seguir ante el problema, a no ser que el problema provenga del ámbito familiar, y ante la gravedad, se tengan que tomar otras medidas. La relación con los padres es más formal y actualmente los docentes cuentan con más figuras de apoyo.
Durante su trayectaria profesional, también ha realizado tareas de dirección de etapa en 5 ocasiones y asume que las funciones que conllevan estos puestos se desvía de la vocación docente y el contacto directo con el alumno, pero que aporta y enriquece, desde otro punto, la labor docente, siendo esas labores necesarias para centralizar los diferentes aspectos de organización de los ciclos.
Los cambios vividos en toda la carrera docente los ha vivido con optimismo y con miras a la mejora en la enseñanza. Piensa que, como en todas las profesiones, constantemente hay que renovarse y aprender para mejorar las técnicas de trabajo y actualizarse. Después de todos los cambios vividos en la enseñanza, el futuro también lo ve de la misma forma, en continuo movimiento.
Las nuevas pedagogías en educación infantil van cogiendo forma y ya en algunas ikastolas han introducido la pedagogía de la confianza. Espacios diáfanos, sin puertas, donde el menor puede moverse libremente en un ambiente relajado, y lo más importante, basado en una pedagogía de confianza entre los adultos del centro y los menores, aprendiendo a respetar la naturaleza y a las personas. Son pedagogías que también pretenden, de alguna manera, rellenar las carencias que los padres no puedan aportarles diariamente por sus ocupaciones profesionales, creando un ambiente familiar y cercano.
Las nuevas pedagogías en educación infantil van cogiendo forma y ya en algunas ikastolas han introducido la pedagogía de la confianza. Espacios diáfanos, sin puertas, donde el menor puede moverse libremente en un ambiente relajado, y lo más importante, basado en una pedagogía de confianza entre los adultos del centro y los menores, aprendiendo a respetar la naturaleza y a las personas. Son pedagogías que también pretenden, de alguna manera, rellenar las carencias que los padres no puedan aportarles diariamente por sus ocupaciones profesionales, creando un ambiente familiar y cercano.
Para concluir, recalca que si volviera a nacer dedicaría su tiempo a la profesión que desde pequeña ha amado, que nació con la vocación de ayuda y entrega hacia los demás y que por medio de la enseñanza ha podido realizar su sueño.
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